LA JUSTICIA QUE NO NOS GUSTA

¿Justicia ciega?

El ser humano es mezquino y marrullero. Lo es por naturaleza. Somos animales con instintos muy básicos que hemos intentado domesticar para poder convivir en sociedad. Pero, ¿Lo hemos conseguido? Mayoritariamente sí, pero siguen habiendo rasgos muy antropológicos que, en algunas personas, siguen muy presentes.

Me decido a escribir esta entrada en mi blog cuando sé que mi opinión es muy controvertida. Pero este blog lo dice bien claro: «Ideas locas».

Esta entrada nace de la sentencia en el juicio que se ha decidido apodar como «La Manada». Una sentencia que, como todos sabéis, se llama «fallo» judicial. No es trivial este término. He decidido dejar pasar algo de tiempo porque, de esta forma evitamos a los talibanes de lo emocional.

He de decir que, ante todo, repruebo todo lo que se le hizo a la chica. Me parece una condena ridícula para lo que hicieron. Más aún cuando 2 de los 5 acusados se les presupone un «extra» de honradez por haber jurado la protección de la población en sus profesiones. Creo que a los acusados les ha salido barato sus despreciables e inaceptables actos. Y dan cuerda. Eso es lo peor. Porque el ser humano es sucio en sus instintos más básicos. Porque creo firmemente que hay personas que creen que necesitan violar, matar, pegar, abusar, amedrentar… Es puro instinto animal que, entre todos, no hemos sabido solventar y/o localizar a tiempo.

Pero esta entrada pretende analizar la sentencia y, más en concreto, el voto particular emitido por uno de los tres jueces en que sugiere la absolución como pena a los acusados.

He leído su argumentación. Creía que era necesario poder leer y saber sus argumentos antes de lanzarme a criticar visceralmente su decisión. Como en todo, es MUY importante saber escuchar y conocer antes de opinar. Además, es igual de importante (vital, diría) poder hacerlo desde una perspectiva de alejamiento tanto de la víctima como del/de los acusados. Y es difícil no verse involucrado y no empatizar con la víctima y su familia. Siempre piensas que te puede tocar a ti o a los tuyos. Pero ni eso te puedes permitir si quieres hacer una valoración objetiva (la objetividad es el pilar más básico de la Justicia). De aquí que lo que me gustaría explicar en esta entrada, va a crear polémica.

Permitidme explicar cómo entiendo yo la impartición de la Justicia en España. Ni soy un gran conocedor, ni pretendo parecerlo, pero dibujar el escenario me ayudará a argumentar mi posición. En España existen 3 grandes poderes: Legislativo (crea las leyes), Ejecutivo (las aprueba, consensua y las dota de instrumentos para su aplicación) y el Judicial (aplica las leyes redactadas y ejecutados por los otros 2 grandes poderes). Las leyes NUNCA as redactan los jueces. De ahí que se les supone imparcialidad. Por hacer una reducción simple, es como no preguntarle a una madre si su hijo es feo.

Decir también que redactar las leyes NO es fácil. Más bien, todo lo contrario, es MUY complicado. Más aún si retomamos la naturaleza humana de mezquindad más absoluta. Para redactar una ley de forma genérica pero que abarque un sinfín de supuestos, se ha de andar con mucho cuidado puesto que las implicaciones de cómo lo expresas, dan lugar a la picaresca y al aprovechamientos de las lagunas que son tan típicas en el ordenamiento jurídico de cualquier país. Recordemos aquella frase tan española de «Hecha la Ley, hecha la trampa».

Feo papel les cae a los jueces el hecho de interpretar la ambigüedad con la que a veces se realizan las leyes. Creo que no me gustaría estar en su posición. Para poder hacerlo con garantías creo que intentan, por todos los medios, abstraerse, como decía antes, de cualquier sensacionalismo y empatías tanto a la parte acusada como a la víctima. Y no podemos negar que, cada día más, los medios de comunicación y las redes sociales influyen mucho en este tipo de causas.

La argumentación que hace este juez con su voto particular es razonable. A mí me lo parece. No digo acertada, digo razonable. Y sustenta toda su argumentación en una base que es muy importante y que suele olvidarse con mucha facilidad: el acusado es inocente mientras que no se demuestre lo contrario. Esto quiere decir que hay que demostrar todas y cada una de las acusaciones. Si no se demuestran o se muestra conflicto en las declaraciones o ambigüedades en el argumento acusatorio, entonces, la situación no es clara. Y la claridad

Creo que lo difícil de este caso está en la diferenciación entre agresión y abuso. La acusación es de agresión sexual y la acusación ha de demostrar que fue eso, una agresión. Creo que no hay ningún género de dudas en que lo que allí ocurrió fue vejatorio, inhumano, indigno y que todos querríamos que esa gente estuviera en la cárcel 100 años. Pero no puede ser. Las leyes están para cumplirlas incluso cuando no nos gustan. Es un mantra que nos repiten con asiduidad los que mandan.

Y, ¿qué problema tiene este voto particular del juez? Sinceramente creo que ninguno. Sin conocer todas la pruebas, ni saber de leyes, ni saber todo lo que ha ocurrido en todo el proceso, parece coherente. Parece que su argumentación es consecuente con lo que pide la acusación. Ha valorado unas pruebas, cree haber entendido y ha resuelto bajo el criterio que ha creído más objetivo. Ahora bien, si las penas que han de imputar por lo que ellos creen que ha sido una abuso y no una agresión son de 9 años (esto no lo pueden elegir ellos si no que les viene impuesto por el código penal que nunca redactaron ni propusieron los jueces), pues tienen que ser 9 años.

Igual, el foco de las protestas populares no deberían ser los jueces. Ni el juez que ha emitido su voto particular. El foco deberían ser los legisladores. Los que pactan cómo se han de redactar las leyes y qué penas conllevan. El juez es un árbitro de un partido que se puede equivocar (de ahí lo de fallo) y siempre aplica las normas que le han escrito. Con mayor o con menor rigor, pero no creo que haya voluntad implícita en equivocarse. Y no soy yo quien diga que se ha equivocado, solo digo que tiene el derecho a interpretar una ley interpretable y que «empatizar» con la acusación (o con los acusados) no puede ser posible.

No me cansaré de decir que lo que le ha ocurrido a la chica es vergonzoso y que cualquiera que la conozca tendrá ganas de venganza sobre los acusados. Lo entiendo. Me pongo en su lugar y seguro que me vendrían ganas de matarlos con mis propias manos. Pero no puede ser. Hemos llegado al acuerdo de que un poder «neutro» imparta justicia por nosotros. Debemos confiar en la Justicia.

Y si no confiamos, que es completamente razonable y democrático, intentemos cambiarlo. Nos daremos cuenta que pocas herramientas tenemos y, las que tenemos, no sabemos utilizarlas.

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